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La última encuesta Nacional de Consumo Alimentario, realizada por el Ministerio de Salud y Elige Vivir Sano a más de tres millones de hogares chilenos, arrojó cifras alarmantes sobre la alimentación nacional. Especialistas del Instituto de Nutrición y Tecnología de los Alimentos de la Casa de Bello (INTA) analizaron el documento y entregaron consejos para abordar la malnutrición en el país y mejorar nuestros hábitos alimenticios.

Este martes 12 de enero fueron presentados los resultados de la encuesta Nacional de Consumo Alimentario. Los datos obtenidos son alarmantes. Sólo un 5 por ciento de la población mantiene una dieta saludable y el 95 por ciento requiere cambios en la alimentación.

El país ha alcanzado una grave malnutrición, donde 3 de cada 4 adultos tienen sobre peso y obesidad, y en los niños esta cifra llega al 60 por ciento. La encuesta reveló que en un hogar promedio en Chile, de 3,3 personas, se consumen 23,4 litros de bebidas azucaradas, 17,5 kilos de pan y 5,1 de dulces. Por otro lado, se consumen 14,1 kilos de verduras, 9,9 kilos de frutas y 700 gramos de legumbres en un mes, lo que significa que cada persona consume más de 5 kilos de pan al mes.

Con este documento se espera abordar y acortar las brechas para lograr un patrón de alimentación saludable, ya que las diferencias sociales también se hacen notar. Mientras el tercer y quinto quintil son los que consumen más frutas y verduras, el primero es el que menos come estos alimentos. Por el lado cualitativo, el estudio afirmó que las personas tienen conocimiento de qué alimentos son o no saludables, pero indicaron no tener tiempo y priorizar el precio.

El académico del Instituto de Nutrición y Tecnología de los Alimentos de la Universidad de Chile (INTA), Fernando Vio, señala que estos datos son muy negativos, pero que no lo sorprenden. “Chile siempre se ha caracterizado por el alto consumo de pan, de bebidas gaseosas azucaradas, de alto consumo de sal y azúcar por habitante. El gran problema es qué se hace con esos datos y nosotros venimos planteando estos temas desde el sector académico desde hace muchos años. Para hacer frente a esto, el país debe tener políticas públicas que no ha tenido”, recalca.

En la misma línea, la también profesora del INTA, Marcela Reyes, señala que “tal vez los principales hallazgos que muestra el estudio es que comemos muy mal y que hay una brecha importante en ese comer mal según quintiles de ingreso. Pero, en el fondo, es parte de lo que sabemos desde distintas otras fuentes también, entonces no llama tanto la atención. Es bien relevante el gran gasto que se hace en pan y bebidas azucaradas, en desmedro de otros productos que son más baratos y más nutritivos”.

Sobre la parte cualitativa, la académica señala que es muy interesante porque “la gente sabe cómo comer bien y valora mucho la salud y la buena alimentación. Sin embargo, los resultados cuantitativos muestran que de alguna manera no lo podemos lograr. Entonces, también es relevante porque demuestra que no es sólo la motivación y el saber es lo que influye, sino que hay otras cosas estructurales que terminan moldeando nuestra dieta a pesar de nuestras buenas intenciones”.

Cómo resolver el problema y la pandemia como una oportunidad

La encuesta señaló que en hogares de ingresos medios altos, las mujeres a cargo de la alimentación, dijeron que la pandemia les ha permitido tener tiempo para planificar la comida y eso va de la mano con una mejor alimentación, ya que las personas al cocinar prefieren los productos naturales como frutas y verduras por sobre los alimentos procesados.

En este sentido, el profesor Vio señaló que hoy existe una pandemia mundial de obesidad donde Chile es uno de los principales afectados y que, al mismo tiempo, se suma la pandemia del COVID-19. “Se ha demostrado que los casos con obesidad se enferman más grave y mueren más que los que no la tienen. Hoy, efectivamente, se pueden hacer cosas en forma fácil y sin grandes inversiones solamente promoviendo políticas con acciones muy directas a la comunidad para la buena alimentación. Lo positivo de este escenario es que la gente pudo estar más tiempo en casa y pudo cocinar y al estar encerrada valorizó el poder salir a hacer deporte al aire libre”.

Finalmente, Marcela Reyes explica que estos problemas estructurales se pueden resolver, pero no se han enfrentado. “Hay distintas razones que van moldeando nuestra dieta más allá de lo que nosotros creemos, sabemos o nos gusta. Son lo que se ha llamado como ambientes alimentarios, es decir, las características físicas, económicas, socioculturales y políticas. Entonces, por una parte, hay que trabajar en las voluntades individuales, en la educación, en campañas comunicacionales, pero también tenemos que enfrentarlo por estas otras vías. Dar más acceso, dar facilidades en términos económicos, subvencionar algunas cosas que queremos que se potencien, disminuir la publicidad excesiva con algunos productos que no queremos que sean consumidos, hacer campañas comunicacionales u otras estrategias como acercar a los pequeños productores y no sólo enfrentarlo desde lo individual, que -en general- es la forma en estos casos”, concluyó

Arturo Baeza Prensa UChile

 

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