El fenómeno del álbum del Mundial: Más allá de las láminas y la cancha

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Mg. Rocío Maturana Ahumada

Los últimos meses hemos sido testigos de un fenómeno social que desafía la lógica deportiva: la fiebre por el álbum de la Copa Mundial de Fútbol. En Chile, este fanatismo ha encendido distintos espacios con una fuerza notable, ignorando un dato objetivo: nuestra selección no está en la cancha. Esto nos invita a una reflexión crítica sobre el fútbol como esa pasión de multitudes capaz de movilizar masas, donde el fervor no requiere de un triunfo local para justificarse, sino que se alimenta de la necesidad humana de pertenecer a algo más grande, de estar presentes y de participar de la euforia colectiva.

La psicología nos permite comprender que la búsqueda de pertenencia es transversal a las generaciones, reduce tensiones y fortalece la identidad. Mientras los jóvenes hablan de FOMO e influencers, los más maduros confían en la recomendación de sus cercanos para consumir. Este efecto de arrastre social se relaciona con algo más profundo en nuestro cerebro: el sistema de recompensa. Cada sobre cerrado es una promesa de novedad que libera dopamina, el neurotransmisor ligado al deseo, la acción y la motivación. La expectativa ante la incertidumbre genera este enganche y la necesidad de seguir comprando ante la posibilidad de encontrar la lámina codiciada, la difícil, la que cuesta tener.

El fenómeno del álbum no se trata solo de fútbol; se trata de patrones conductuales, de sensibilidades a la dopamina, y de la humana necesidad de ser partícipes de algo mayor, de no quedarnos fuera o descontextualizados.

Niveles elevados de este neurotransmisor pueden provocar efectos contrarios al entusiasmo saludable; por ejemplo, activar síntomas ansiógenos y de angustia, patrones conductuales similares a los de la adicción, una obsesión que compromete la economía personal o familiar, elevados niveles de frustración por perderse un partido o no lograr completar el álbum e, incluso, conductas que intentan compensar un profundo vacío relacional.

Verbalizar nuestras conductas mundialeras permite evaluar nuestro nivel de autorregulación y el grado de consciencia respecto a la práctica del consumo y del coleccionismo. Para alcanzar un equilibrio, aconsejo poner en valor la acción vinculante del intercambio de láminas, la experiencia social de reunirnos y la oportunidad de sostener una conversación mundialera a través de las diferentes anécdotas y memes que nos han dejado sus protagonistas. En el fondo, se trata de hacer consciente que esta fiesta también nos pertenece, que el juego es valioso por los lazos que construye y no por el consumo desmedido, y que, de alguna u otra forma, somos parte de este juego, aunque no lo estemos jugando en la cancha”.

Mg. Rocío Maturana Ahumada

Encargada Programa Educacional para Niñas, Niños y Jóvenes con Talentos Académicos PROENTA de la Universidad de La Frontera

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