La ciencia y la cultura en el olvido

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Humberto Prado

Vicerrector de Postgrado Usach

Es bien sabido que los presupuestos destinados a Ciencia y Tecnología nunca han sido suficientes para avanzar hacia un país desarrollado. Basta recordar que, durante los últimos diez años, Chile ha destinado aproximadamente entre un 0,34% y un 0,41% del PIB a actividades de Investigación y Desarrollo (I+D), uno de los niveles más bajos entre los países de la OCDE.

Actualmente, constatamos que los ajustes de presupuesto en ciencia, investigación y postgrado se justifican única y exclusivamente bajo la estrategia de fortalecimiento del crecimiento económico, el uso eficiente de los recursos públicos y que el conocimiento aporta solamente a la productividad, desconociendo la contribución y el impacto que tiene la investigación en la educación, la tecnología, las ciencias sociales y las humanidades. Esto, que no es nuevo, responde a una tendencia que subordina la investigación a objetivos de desarrollo económico inmediato. Aun así, si bien la vinculación entre ciencia e innovación productiva es un aspecto relevante, una orientación exclusiva en esta dirección debilita áreas fundamentales tales como la investigación en ciencia básica, las ciencias sociales y las artes, cuyo impacto se aprecia en el largo plazo y no necesariamente en utilidades económicas directas. La experiencia de los países desarrollados muestra que los ecosistemas científicos más robustos combinan ambos enfoques, aspecto que en nuestra realidad no parece estar en equilibrio.

El sistema de financiamiento para la investigación que tiene el país se ha caracterizado históricamente por la alta dependencia de fondos concursables, generando inestabilidad laboral para investigadoras e investigadores jóvenes y la baja inversión en I+D como porcentaje del PIB. Adicionalmente, existe la tendencia a privilegiar mecanismos de mercado y colaboración público-privada, sin abordar en profundidad la necesidad de una política científica nacional que sea coherente con una planificación estratégica de largo plazo, algo que organismos internacionales consideran esencial.

No se debe pasar por alto que la formación avanzada y la formación de científicos son fundamentales para alcanzar el anhelado desarrollo en todos los ámbitos. En la actualidad, se requiere una política consistente de fortalecimiento de los programas de postgrado, por ejemplo, mediante un sistema robusto de becas que facilite la realización de estudios de magíster y doctorado.

A ello se suma la insuficiencia de fondos destinados a financiar pasantías postdoctorales en el extranjero para quienes se especializan en distintas áreas del conocimiento. Si bien nuestra calidad académica ha alcanzado un alto grado de madurez y con frecuencia se posiciona como referente internacional en investigación, la experiencia demuestra que las pasantías postdoctorales constituyen un componente especialmente enriquecedor en la formación de futuros científicos, investigadores sociales y profesionales altamente especializados.

El desarrollo de la cultura y el conocimiento es un deber que tenemos como sociedad y es nuestra misión promoverlo desde las comunidades científicas, las universidades y el Estado.

Columna del Dr. Humberto Prado, vicerrector de Postgrado Usach.

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