La Universidad del Bío-Bío y la Seremi del Medio Ambiente de la Región de Ñuble realizaron la ceremonia de cierre de la segunda versión de las Clínicas de Asistencia Ambiental 2026, iniciativa que articula la formación universitaria con necesidades concretas de los territorios y contribuye al fortalecimiento de las capacidades municipales en materia de sustentabilidad.
La actividad, desarrollada en el Aula Magna del Campus Fernando May, consideró la presentación de proyectos elaborados por estudiantes de distintos niveles de Ingeniería en Recursos Naturales. Los trabajos abordaron el análisis de aguas en Yungay y Cobquecura; la restauración ecológica en Pinto, tomando como caso de estudio el incendio Vega Honda; la gestión de residuos de construcción y demolición en Pemuco; la identificación de áreas prioritarias para la conservación en Chillán, y la actualización de información espacial de El Carmen mediante sistemas de información geográfica.

Conocimiento al servicio de los territorios
La prorrectora de la Universidad del Bío-Bío, Dra. Angélica Caro Gutiérrez, destacó que las clínicas expresan el propósito de una universidad estatal, pública y birregional que pone sus capacidades al servicio de las comunidades.
“Esta iniciativa permite que el proceso formativo trascienda el aula. Nuestras y nuestros estudiantes conocen de primera fuente las necesidades de los territorios, aplican sus saberes en contextos concretos y comprenden que su futura profesión conlleva una responsabilidad pública. A su vez, los municipios reciben propuestas, herramientas e información que pueden fortalecer su gestión y apoyar decisiones orientadas al bienestar de sus comunidades”, señaló.
La seremi del Medio Ambiente, Angélica Cuevas Palominos, relevó que la generación de conocimiento aplicado resulta indispensable para avanzar hacia un desarrollo regional sustentable. Asimismo, subrayó la importancia de incentivar a las nuevas generaciones a estudiar ciencias y carreras relacionadas con el medioambiente.
“Esperamos que las clínicas continúen proyectándose, sembrando una comprensión más profunda de la sustentabilidad y generando el conocimiento que nuestra región necesita para avanzar hacia un desarrollo equilibrado, responsable y sostenible”, afirmó.

Aprendizaje situado y responsabilidad profesional
La directora de la Escuela de Ingeniería en Recursos Naturales, Dra. Patricia Jana Pinninghoff, explicó que la iniciativa vincula asignaturas desde primero hasta quinto año con problemáticas ambientales planteadas por los municipios, en coordinación con la Seremi del Medio Ambiente.
En esta versión, las y los estudiantes desarrollaron siete proyectos relacionados con ámbitos como calidad del agua, gestión de residuos de la construcción, estudios geoespaciales sobre los efectos de los incendios, entre otros. Según precisó, esta experiencia fortalece la formación profesional al permitir que el estudiantado se relacione con las comunidades y contribuya a buscar soluciones frente a desafíos reales.
Una de las experiencias fue presentada por Catalina Sepúlveda Rodríguez, estudiante de la asignatura Producción Sustentable II, cuyo equipo abordó la disposición irregular de residuos de construcción y demolición en Pemuco. Tras analizar la normativa vigente, elaboraron una propuesta que contempla una mesa local de residuos, la coordinación entre unidades municipales y la Seremi, un espacio temporal de acopio y el traslado de escombros al recinto de Chillán Viejo.
“Presentamos un cronograma que incluye costos, factibilidad e impacto para la comuna. Esta experiencia fue muy significativa para mi formación, porque nos permitió comprender cómo podemos aportar a la gestión municipal, vincularnos con los territorios y aplicar nuestros conocimientos”, expresó.
Información para proteger la biodiversidad
Karin Grandón, exalumna de Ingeniería en Recursos Naturales y profesional del área de Medio Ambiente de la Municipalidad de Chillán, valoró los antecedentes generados para identificar especies, determinar necesidades de conservación y analizar los impactos provocados por incendios forestales.
Explicó que los informes, mapas y análisis de distribución generados por los estudiantes serán de utilidad para orientar procesos de restauración ecológica, seleccionar especies para iniciativas de reforestación y aportar tanto a la actualización de la ordenanza municipal como al trabajo relacionado con el plan regulador comunal.
La académica Cecilia Gallegos Muñoz, en representación de la Dirección General de Relaciones Institucionales, destacó que las clínicas reflejan la manera en que la Universidad del Bío-Bío comprende y desarrolla la vinculación con el medio.
“Para nuestra Universidad, vincularnos con el medio significa establecer relaciones de colaboración con los territorios, reconocer sus necesidades y capacidades, y poner en diálogo el conocimiento generado en la institución con los saberes y la experiencia presentes en las comunidades y organizaciones con las cuales trabajamos. Las clínicas constituyen un ejemplo concreto de este enfoque, pues abordan problemáticas ambientales reales planteadas por los municipios y articulan la experiencia de quienes trabajan cotidianamente en los territorios con el conocimiento académico y el aporte de nuestras y nuestros estudiantes”, señaló.


