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Fotografía para U. Estatales

Admisión universitaria: el valor de una institucionalidad que evoluciona

"...en tiempos en que la confianza en las instituciones es un bien escaso, esa capacidad de construir acuerdos duraderos sobre la base de la evidencia y el propósito público es un patrimonio nacional...".

OPINIÓN — CARTAS
El Mercurio, miércoles 2 de septiembre de 2026

En agosto, el Departamento de Evaluación, Medición y Registro Educacional (Demre) de la Universidad de Chile cumplió 30 años. Su aniversario invita a mirar la historia de un sistema de admisión universitaria que Chile ha construido durante décadas.

La responsabilidad de la Universidad de Chile en esta materia se remonta a sus orígenes. Ya en 1843 se establecieron los exámenes para quienes aspiraban al grado de bachiller. Más de un siglo después, en 1967, la Prueba de Aptitud Académica (PAA) reemplazó al Bachillerato. Diseñada en nuestra universidad bajo la conducción de la visionaria profesora Erika Grassau, significó grandes avances en objetividad, transparencia y justicia, basados en el mejor conocimiento científico disponible. Lo mismo ocurrió con la muy temprana adopción de un algoritmo óptimo de asignación de postulantes a vacantes —cuyos desarrolladores recibieron el Premio Nobel de Economía en 2012—, que consolidó un sistema centralizado, con reglas comunes y sólido sustento técnico.

Este sistema posee virtudes que lo distinguen de los de otros países. Permite postular simultáneamente a varias universidades sin que ello dependa de la capacidad de pago de la persona. Las pruebas se aplican en todo el territorio, incluidos lugares aislados y recintos penitenciarios, y contemplan ajustes para necesidades educativas especiales. Su arquitectura técnica sustenta una cuestión profundamente pública: la forma en que distribuimos las oportunidades.

Tras 35 años de vigencia, la PAA fue reemplazada por la Prueba de Selección Universitaria (PSU), que evaluaba de manera exhaustiva el currículo de los cuatro años de enseñanza media científico-humanista, la que se mantuvo vigente entre 2003 y 2019. La experiencia mostró las limitaciones de este enfoque, que dejaba en desventaja a quienes egresaban de la educación técnico-profesional y no reflejaba suficientemente las habilidades desarrolladas.

En el contexto del estallido social de 2019, la aplicación de la PSU fue objeto de sabotajes en medio de un creciente cuestionamiento técnico y social a la prueba, lo que puso en riesgo la continuidad del sistema de admisión.

La existencia de nuevas pruebas experimentales que el Demre venía desarrollando, la decisión de perseverar en condiciones extraordinariamente difíciles y la responsabilidad con que actuó la nueva institucionalidad dependiente de la Subsecretaría de Educación Superior, encabezada por el Comité Técnico de Acceso, permitieron iniciar una transformación profunda y gradual.

La actual PAES es resultado de ese proceso. Evalúa conocimientos y la capacidad de utilizarlos, puede rendirse dos veces al año, sus puntajes son comparables entre aplicaciones y existe evidencia sobre su capacidad para predecir el desempeño universitario. Su desarrollo ha estado acompañado de investigación, consulta a expertos nacionales e internacionales y una política de transparencia activa.

Las pruebas han cambiado y seguirán cambiando. Lo que Chile debe preservar es la institucionalidad que permite evaluarlas, perfeccionarlas y reemplazarlas cuando la evidencia así lo exige. Decisiones tan importantes para la vida de las personas requieren instituciones confiables, conocimiento especializado, reglas transparentes y una mirada de largo plazo. Los mecanismos de admisión inciden en las oportunidades y, por esa vía, en la movilidad social. Por eso, la excelencia técnica y la equidad, lejos de ser objetivos contrapuestos, deben avanzar juntas.

Durante 183 años, la Universidad de Chile ha asumido esta responsabilidad como parte de su misión pública. En sus 30 años de vida institucional, el Demre la ha honrado no solo administrando un sistema complejo, sino también investigando, innovando y anticipando las transformaciones necesarias. En tiempos en que la confianza en las instituciones es un bien escaso, esa capacidad de construir acuerdos duraderos sobre la base de la evidencia y el propósito público es un patrimonio nacional.

ALEJANDRA MIZALA
Rectora de la Universidad de Chile

ROSA DEVÉS
Exrectora de la Universidad de Chile

LEONOR VARAS
Directora del Demre de la Universidad de Chile

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