Las dieciocho universidades públicas de Chile están protagonizando un proceso transformador sin precedentes para el sistema universitario estatal: la instalación de un Modelo de Estándares de Igualdad de Género y No Discriminación, diseñado para fortalecer el aseguramiento de la calidad y avanzar de manera sostenida hacia instituciones más justas, seguras, inclusivas y coherentes con su misión pública. El proceso se enmarca en el Proyecto RED24994, impulsado por la Red de Igualdad de Género del Consorcio de Universidades del Estado de Chile (CUECH), que entre 2025 y 2026 consolida un ciclo de implementación basado en colaboración, metodologías abiertas y acompañamiento técnico especializado.
“Para nosotros los temas de igualdad de género son parte de nuestro sello identitario como consorcio. Nuestras universidades tienen que ser líderes en esta materia y por lo mismo tenemos que tener mecanismos para que esto se institucionalice”, afirma Alejandra Contreras, directora ejecutiva del CUECH, sintetizando el horizonte político e institucional que sostiene este proceso.

Un camino colectivo: reuniones nacionales, planificación y visión común
El año 2025 estuvo marcado por tres hitos de articulación nacional, en UTEM, Universidad de Valparaíso y oficinas del CUECH, espacios que permitieron consensuar una mirada compartida sobre el rol del enfoque de género en la educación pública estatal.
“Esta iniciativa pretende transformar aquello que haga una vida mucho más igualitaria entre hombres y mujeres, pero también fortalecer el respeto por todos los géneros y diversidades, generando espacios que sean amables para nuestro estar y convivir en la universidad”, señala Angélica Marín, coordinadora general del proyecto.

En esa línea, Carmen Andrade, coordinadora alterna del proyecto y directora de Igualdad de Género de la Universidad de Chile, destaca el carácter colectivo de la iniciativa: “Hoy hemos construido un proyecto común sobre la base de un modelo que se aplica a la realidad de cada universidad, y vamos a caminar juntas para construir mayores espacios de igualdad”.
Autodiagnósticos triestamentales: mirar hacia adentro para poder transformar
Entre 2025 y 2026, cada universidad está realizando un proceso de autodiagnóstico, que constituye la primera pauta para identificar brechas, avances y capacidades en las ocho dimensiones del modelo: docencia, investigación, participación, trabajo, violencia de género, corresponsabilidad, institucionalidad, y vinculación con el medio.

Más que una medición técnica, estas evaluaciones han sido espacios de movilización comunitaria. “Se trata de que la universidad se mire, que vea lo que no ha visto o no ha querido ver”, plantea Andrade. En Antofagasta, por ejemplo, participaron más de 120 personas en 17 focus group triestamentales. En Los Lagos, el ejercicio permitió dimensionar que, pese a avances relevantes, la mayoría de las instituciones sigue en una fase inicial: “Identificar la fase nos da una visión más clara para planificar y proyectar acciones estratégicamente”, afirma Diana Kiss, secretaria general de la institución.
Pasantías interinstitucionales: aprender de las experiencias para avanzar juntas
Uno de los elementos más innovadores del proceso ha sido el ciclo de pasantías interuniversitarias, que permite el intercambio directo de buenas prácticas, metodologías y estructuras institucionales.
Para Karen Jacob, directora de equidad, género y diversidad de la Universidad Arturo Prat, la experiencia permitió dimensionar la fuerza del trabajo colaborativo: “Nos llevamos mucho más: ver el reflejo de lo que nos pasa como institución, saber que no somos las únicas que lo vivimos”.

El intercambio ha fortalecido capacidades y ampliado la red a cuerpos intermedios que implementan las políticas día a día. “Este proyecto nos permite ampliar la red de trabajo hacia quienes realmente materializan la igualdad”, destaca Diana Kiss.
Asesorías expertas: aire nuevo para diseñar estrategias situadas
Durante el segundo semestre de 2025, las universidades recibieron asesorías especializadas para fortalecer capacidades en autodiagnóstico, planificación estratégica y comunicación institucional.

Su principal aporte fue incorporar una mirada externa, crítica y propositiva. “Nos hicieron ver lo que uno no ve”, afirma Claudia Ormazábal, directora de Género de la UTEM. Mientras que para Paola Muzatto, de la Universidad de Tarapacá, las asesorías fueron una oportunidad para “pensar, repensar, reestructurar y traer aire nuevo a nuestras prácticas”.
Un proyecto público con impacto estructural
Con metodologías participativas, aprendizajes compartidos y asesorías situadas, el Proyecto RED 24994 avanza hacia su siguiente fase: la elaboración de Planes de Igualdad para adecuar institucionalmente un modelo de estándares que corresponde a un ejercicio identitario, colectivo y estructural que reconoce que la igualdad de género no es un área aislada, sino un requisito para la calidad de la educación pública.
El proceso que viven las universidades del Estado es más que una política: las universidades chilenas están demostrando que es posible avanzar juntas, desde territorios diversos, hacia instituciones más democráticas, seguras y comprometidas con su misión social.


