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Foto: UChile

U. de Chile impulsó la prevención del VIH en Lollapalooza con más de mil testeos gratuitos

El operativo liderado por la Facultad de Medicina acercó la salud sexual a miles de jóvenes, promoviendo el autocuidado y derribando estigmas en uno de los eventos masivos más importantes del país.

Mientras las guitarras eléctricas resonaban desde el escenario principal y miles de jóvenes transitaban entre los sectores del Parque O’Higgins, una fila constante y fluida se formaba en la “carpa roja” del Lollalove, uno de los puntos más estratégicos del recinto. No era para cargar pulseras ni para comprar comida, sino para acceder a un pinchazo en el dedo que, en menos de 20 minutos, proporcionaba una respuesta vital.

El operativo de salud, liderado por el equipo del Centro de Investigación Integral en VIH/SIDA (CHAIR) de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile, en conjunto con el Ministerio de Salud y la Seremi de Salud Metropolitana, a través del Centro Regional de Información y Apoyo en Prevención Social (CRIAPS), volvió a demostrar que la música y el autocuidado pueden convivir en un mismo espacio de manera orgánica.

Rompiendo récords y estigmas

Lo que comenzó hace unos años, en 2019, en el Festival Fauna, como una apuesta experimental, hoy es una tradición esperada. Según las cifras preliminares, el equipo de voluntarios – compuesto por investigadores, profesionales y estudiantes de pregrado y postgrado – logró realizar más de mil test rápidos de VIH durante los tres días de festival.

Esta cifra supera los hitos de años anteriores, como los 1.038 test de 2024, lo que demuestra que el público joven está cada vez más abierto a integrar el autocuidado en sus espacios de recreación. “Estar aquí nos permite sacar la ciencia de las cuatro paredes del laboratorio y acercarla a la gente en su propio contexto”, comentó el Dr. Fernando Valiente, investigador del Instituto de Ciencias Biomédicas y responsable de la iniciativa.

Un proceso rápido, seguro y gratuito

La dinámica del stand fue diseñada para no interferir con la música. Cada asistente que se acercaba voluntariamente recibía el test de manera gratuita y confidencial, con un tiempo de espera de entre 15 y 20 minutos para obtener el resultado. Durante ese lapso, especialistas del CHAIR brindaban consejería experta y resolvían dudas sobre salud sexual y reproductiva.

La Dra. Claudia Cortés, directora de CHAIR e investigadora clínica de la Facultad de Medicina, destaca la relevancia de este operativo: “Hoy el VIH es una enfermedad crónica, no una condena a muerte. Con un diagnóstico oportuno, las personas pueden iniciar tratamiento y llevar una vida plena, con una expectativa de vida completamente normal. Nuestro objetivo es que más personas conozcan su estado a tiempo, en un entorno seguro y sin miedo”.

Una red de colaboración institucional sin precedentes

Detrás de cada test rápido realizado hubo respaldo académico y clínico de élite. El operativo contó con la participación activa de diversas unidades de la Universidad de Chile, incluyendo la Facultad de Medicina, el Instituto de Ciencias Biomédicas (ICBM) y el Departamento de Promoción de la Salud de la Mujer y el Recién Nacido.

Esta unión permitió que el personal presente no solo fuera técnico, sino también académico y profesional, con una visión integral de la salud sexual. A este esfuerzo se sumaron la Fundación Arriarán, institución clave en el tratamiento y seguimiento de pacientes con VIH en Chile, y el Instituto Milenio en Inmunología e Inmunoterapia (IMII), que aportó la vanguardia de la investigación científica al terreno. La logística de un operativo de esta magnitud requiere un suministro constante y certificado. El Ministerio de Salud, a través de la Seremi de Salud Metropolitana y de su Centro Regional de Información y Apoyo para la Prevención Social del VIH/SIDA (CRIAPS), fue el motor que garantizó la disponibilidad de recursos.

“La entrega de insumos por parte del CRIAPS y el apoyo del IMII fue vital. No solo testeamos, sino que también entregamos herramientas de prevención inmediata. Cuando alguien sale del stand con su resultado, también se va con el conocimiento y los elementos para seguir cuidándose y mantener su estatus”, comentó el Dr. Ricardo Soto Rifo, investigador del Instituto de Ciencias Biomédicas y parte del equipo organizador.

En la misma línea, Omar Vallejos, tesista de doctorado de la Pontificia Universidad Católica de Chile e investigador doctoral del Instituto Milenio en Inmunología e Inmunoterapia (IMII), indicó: “Instancias como esta muestran que la ciencia tiene que salir del laboratorio y estar donde están las personas. Desde el Instituto Milenio en Inmunología e Inmunoterapia, y gracias al impulso de los Dres. Alexis Kalergis, Susan Bueno, Leandro Carreño y Pablo González, quienes han promovido activamente la participación de sus estudiantes en este tipo de iniciativas, hemos podido aportar desde la academia a una estrategia concreta de prevención, acercando el testeo, reduciendo el estigma y fomentando el autocuidado, especialmente en jóvenes que concentran la mayor proporción de nuevos diagnósticos de VIH en el país”.

El impacto en cifras y conciencia

Al cierre de la tercera jornada, las cifras preliminares indican que se superó nuevamente la meta de 1.000 testeos, una marca que ya se había alcanzado en 2024. La normalización del examen, realizado en un ambiente de compañerismo y música, es quizás el mayor logro de esta alianza. El éxito de Lollapalooza 2026 radica en haber transformado un “trámite médico” en un acto de responsabilidad social. La presencia del Departamento de Promoción de la Salud de la Mujer y el Recién Nacido también permitió ampliar la mirada hacia una salud sexual inclusiva y diversa, derribando mitos históricos sobre quiénes deben testearse.

Según la matrona Pamela Aros, “la educación es clave para el autocuidado. Desde nuestra participación en la toma del test rápido y en consejerías breves de pre y post test, promovimos prácticas sexuales seguras y placenteras, reforzando el uso de condones internos y externos y acercando la salud sexual a las personas de manera inclusiva, confidencial y sin estigmas”.

Al final del festival, cuando los ecos de la música comenzaron a apagarse, quedó claro que la verdadera victoria fue el compromiso de miles de jóvenes que, entre banda y banda, decidieron dedicar 15 minutos a su bienestar. Gracias a la labor conjunta de la academia, el Estado y la productora Lotus, organizadora del festival, Chile vuelve a dar un ejemplo de cómo la salud pública puede —y debe— ser parte de la fiesta.

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