Una universidad se mide, en buena parte, por su capacidad de pensar a largo plazo. Formar investigadores, generar capital humano avanzado, instalar capacidades en un territorio o consolidar una línea de trabajo con las comunidades son tareas que se cumplen en una década, no en un año. Por eso valoro que el proyecto de Ley de Presupuestos 2027 haya pedido a cada ministerio proyectar su gasto a cinco años. Es la misma lógica con la que las universidades organizamos nuestro trabajo.